| Resumo: | En el manuscrito Porras de la Cámara, copiado por el ra-cionero sevillano para el cardenal arzobispo de Sevilla Fernando Niño de Guevara, junto a las versiones primiti-vas de Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño, como es bien sabido hay otra novela, La tía fingida, que no fue in-cluida por Cervantes en sus Novelas ejemplares. Ni en esa copia ni en la segunda versión de la obra, que nos ha lle-gado en un cartapacio misceláneo de la Biblioteca Co-lombina, figura el nombre de su autor, y esa anonimia ha llevado a una pequeña batalla filológica a favor y en con-tra de la autoría de Cervantes. Adrián J. Sáez publicó el año pasado una edición de la novela bajo el nombre del escritor, y ahora, sumándome a los defensores de tal atri-bución, voy a aportar tres pruebas de ello, tres detalles del texto de La tía fingida que aparentan ser poca cosa, pero que esconden mucho más.
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