El pensamiento de la no-coincidencia

El presente trabajo indaga el velado denominador común que unifica el pensamiento de Maurice Merleau-Ponty: su defensa del pensamiento de la no-coincidencia, al que también llama «de la divergencia o écarh, «de la no-posesión-transparente», y «de la nofusión», y al cual entiende en el sentido inespe...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Bech, Josep Maria, 1942-
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2003
País:España
Institución:Universidad de Barcelona
Repositorio:Dipòsit Digital de la UB
OAI Identifier:oai:diposit.ub.edu:2445/26566
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/2445/26566
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Coincidència
Coincidence
Descripción
Sumario:El presente trabajo indaga el velado denominador común que unifica el pensamiento de Maurice Merleau-Ponty: su defensa del pensamiento de la no-coincidencia, al que también llama «de la divergencia o écarh, «de la no-posesión-transparente», y «de la nofusión», y al cual entiende en el sentido inespecífico de que ni la percepción ni el conocimiento coinciden consigo mismos, así como tampoco coinciden, a su vez, con las cosas percibidas o pensadas, pues en todos los casos sobreviene un flagrante déficit en la prevista «adecuación». O sea que un ingrediente de transcendencia se infiltra capilarmente en toda realidad, dando lugar a que la divergencia o écart se interponga a todos los niveles. El tema prioritario para el pensamiento, según Merleau-Ponty, no puede ser más que la «extraña distancia» que separa al sujeto de sí mismo y que aleja cada cosa de su posible identidad. Además, el «pensamiento de la no-coincidencia» encuentra su justificación más efectiva en la frustrante limitación perceptiva y cognitiva que plausiblemente podría ser denominada la soberanía del horizonte. «Horizonte» significa para Merleau-Ponty la totalidad problemática que, lejos de existir por efecto de la percepción o del pensamiento, es en realidad la textura primordial a la que percepción y pensamiento deben su existencia, y en definitiva el «lagos que se afirma silenciosamente en cada cosa sensible», o sea que «horizonte» designa la «transcendencia pura, sin máscara óntica, aquello que está ahí sin ser objeto»...