| Sumario: | Cuando se sube a la Acrópolis entre enjambres de turistas que cierran el paso deteniéndose para recomponer sus grupos o para satisfacer su obsesión fotográfica, o simplemente para descansar, uno teme siempre sufrir una desilusión. El Partenón es un tópico, y ante los grandes tópicos siempre cabe pensar que la repetición hace que ya no se piense en ellos, que se los acepte mecánicamente. ¿Qué pasará si miramos el templo sin prejuicios y descubrimos en él la fría belleza de esas maquetas o dibujos con que se reconstruye el arte clásico perdido? Por otra parte, el ambiente no predispone a ningún sentimiento de fervor: puestos de refrescos y de venta de recuerdos, el aspecto uniforme y multiforme a la vez de los turistas de todas las latitudes, los guías chillones y molestos.
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