De los Silencios en el Jardín Seco Japonés

El término Karesansui alude a un género singular de jardines japoneses compuesto de rocas, gravilla y arena, con obras artísticas tan sublimes como el renombrado Ryoan-ji. De gestos entrelazados sobre el silencio, el jardín genera una comunión plástica con quien lo contempla: emplazado ante un escen...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Soler Masota, Paz
Tipo de recurso: artículo
Fecha de publicación:2016
País:España
Institución:Universitat Politècnica de Catalunya (UPC)
Repositorio:UPCommons. Portal del coneixement obert de la UPC
Idioma:español
OAI Identifier:oai:upcommons.upc.edu:2117/90823
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/2117/90823
https://dx.doi.org/10.5821/palimpsesto.15.4808
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Gardens -- Japan
Karesansui
Jardines Japoneses
Zen
Ryoanj
Japanese Gardens
Jardins -- Japó
Àrees temàtiques de la UPC::Urbanisme::Arquitectura del paisatge
Descripción
Sumario:El término Karesansui alude a un género singular de jardines japoneses compuesto de rocas, gravilla y arena, con obras artísticas tan sublimes como el renombrado Ryoan-ji. De gestos entrelazados sobre el silencio, el jardín genera una comunión plástica con quien lo contempla: emplazado ante un escenario donde la Naturaleza representa el devenir de las estaciones, el hombre es confrontado con la emoción de su propia existencia efímera. Umbral de estos silencios es la tenue huella de la autoría del artista, consciente y humilde reconocimiento de la condición humana. Y así también el jardín, urgido de renovación constante para sobreponerse a su natural declive, se revela como inacabado e imperfecto, solemnizando con ello un método de medición del tiempo en el que lo único permanente es el cambio. De ahí que el jardín renuncie silente a la geometría, para hilar con asimetría y vacío el más refinado equilibrio en expresión de infinitud. Y la anti-representación configurando el cuarto silencio: la abstracción como encarnación del valor intrínseco del motivo, de su esencia misma, de su existencia metafísica. Merced a sus silencios, el visitante ingresa en la apreciación del jardín que lo acoge como su huésped temporal en un espacio que, no obstante su carácter impermanente, nos procura, espectadores transeúntes como somos del mismo, un sorbo de eternidad.