| Sumario: | Aristóteles constituye el modelo que permite a la hermenéutica de nuestro autor entrever los límites sobre los que se ciernen las acciones humanas. Con Gadamer, a raíz de la phrónesis aristotélica, ahondamos en el terreno de las humanidades, campo al que pertenecían las ciencias del espíritu desde un principio. A propósito de éstas, tratamos de recuperar un espacio engullido por el método abstracto de la técnica moderna. La estructura inherente del ser humano es histórica y dialógica, necesitada de la pertinencia de nuevas preguntas que tengan respuesta en el mundo de la vida al que pertenecemos. Tal mundo es condición de posibilidad de la praxis conversacional, profundamente conectada con el ethos humano. No resulta descabellado, pues, promover otro tipo de racionalidad y conocimiento teórico-prácticos que den fundamento a un nuevo modelo de ciencia hermenéutica, comprensiva. Al fin y al cabo, éste no es –a diferencia del Bien de Platón– sino el fundamento real de las cosas y del modo de ser del hombre. Una ética actual y renovada es la que presenta este hombre prudente en una época de marcada irracionalidad, en la cual éste ha de descubrir su propia finitud y la verosimilitud de sus acciones, tanto a nivel individual como copartícipe dentro de una comunidad. Especial relevancia cobra la educación (paideia) del hombre en nuestros días; días marcados por decisiones políticas autoritarias, carentes de diálogo y sentido común que vertebran nuevos focos de irracionalidad, en nuestro caso, biomédica. Con todo, la phrónesis resulta decisiva para reivindicar un nuevo modo de vivir bien, de reorientar nuestras acciones, sentimientos y afectos como individuos y como ciudadanos.
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