En el corazón de la memoria: temas y estilo en el cine de Terence Davies

Un pañuelo de seda, un patíbulo, una túnica que deviene sagrada. Con estos tres elementos se consuma la ejecución de la emperatriz Yang Kwei-Fei en la película que Kenji Mizoguchi dirigió en 1955. Bastan dos planos –uno estático, otro en movimiento- para que entendamos la admiración que el cineasta...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Sánchez, Sergi
Tipo de recurso: capítulo de libro
Estado:Versión aceptada para publicación
Fecha de publicación:2008
País:España
Institución:Varias* (Consorci de Biblioteques Universitáries de Catalunya, Centre de Serveis Científics i Acadèmics de Catalunya)
Repositorio:Recercat. Dipósit de la Recerca de Catalunya
OAI Identifier:oai:recercat.cat:10230/69376
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10230/69376
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Història del cinema
Terence Davies
Descripción
Sumario:Un pañuelo de seda, un patíbulo, una túnica que deviene sagrada. Con estos tres elementos se consuma la ejecución de la emperatriz Yang Kwei-Fei en la película que Kenji Mizoguchi dirigió en 1955. Bastan dos planos –uno estático, otro en movimiento- para que entendamos la admiración que el cineasta japonés siente por el sacrificio de la emperatriz, a punto de ingresar en el reino de los cielos. Un lento, elegante travelling sigue la cola de seda de la túnica en contacto con la tierra, para después detenerse en el momento en que hay que descalzarse, desprenderse de las ropas y las joyas, morir para liberarse. La muerte se tropieza con el collar, con los pendientes, con los bienes materiales que la mujer ha debido abandonar para acceder al mundo de lo divino. La cámara se detiene en ellos porque no puede filmar esta ejecución: ese es el pudor y el respeto que guían el pulso de Mizoguchi. El mismo que guía a Terence Davies cuando filma el suicidio de Lily Bart (Gillian Anderson) en La casa de la alegría (The House of Mirth, 2000): un lento movimiento de cámara recorre su cuerpo tendido en la cama, en penumbra, hasta fijarse en su mano, y en la botella de hidrato de cloral que se derrama sobre las sábanas, y en la mancha que las tiñe, preciosa metonimia de su muerte.