El seguimiento de Cristo desde el Concilio Vaticano II hasta Veritatis splendor

La Teología Moral experimenta durante el siglo XX un aliento de renovación influenciado por los movimientos litúrgico, bíblico, teológico y filosófico. La estructuración cristocéntrica de la moral surge como camino para aunar la dimensión especulativa y la dimensión práctica de la moral. Sobresale e...

ver descrição completa

Detalhes bibliográficos
Autor: Prieto-Sánchez, R. (Rodolfo)|||/items/472d88c3-4842-4f3d-85f1-3be5a9dc448e
Tipo de documento: artigo
Data de publicação:2019
País:España
Recursos:Universidad de Navarra
Repositório:Dadun. Depósito Académico Digital de la Universidad de Navarra
Idioma:espanhol
OAI Identifier:oai:dadun.unav.edu:10171/57288
Acesso em linha:https://hdl.handle.net/10171/57288
Access Level:Acceso aberto
Palavra-chave:Seguimiento
moral
Cristo
Following
Christ
Descrição
Resumo:La Teología Moral experimenta durante el siglo XX un aliento de renovación influenciado por los movimientos litúrgico, bíblico, teológico y filosófico. La estructuración cristocéntrica de la moral surge como camino para aunar la dimensión especulativa y la dimensión práctica de la moral. Sobresale en los autores de este siglo la inspiración bíblica y la esmerada búsqueda de un principio sobre el que fundamentar la vida moral. Es F. Tillmann, el que trae a primer plano el ideal de «seguimiento de Cristo» como configurador de la moral cristiana. El Concilio Vaticano II impulsa la disciplina de la Teología Moral invitándola a nutrirse de la Palabra de Dios y exhorta a los fieles al seguimientoimitación de Cristo. Es la encíclica Veritatis splendor, la que supone un antes y un después, poniendo de manifiesto que la moral cristiana no se reduce a un código de obligaciones, sino que consiste fundamentalmente en el seguimiento y adhesión, por el Espíritu Santo, a la persona misma del Hijo de Dios en su entrega de amor a Dios y a los hombres. Muestra la originalidad de la propuesta moral cristiana, su capacidad para iluminar el camino moral del hombre y resolver las cuestiones complejas que se plantean a lo largo de la historia. A partir de aquí, la moral se revelará como el actuar «filializado» para la gloria del Padre y el amor como experiencia fundante, donde el cristiano asume la forma interior de Cristo, participando de su sentir y vivir por el Espíritu..