Retórica republicana

El objetivo del presente artículo es doble. Por un lado, se pretende defender la tradición retórica que impregna el humanismo cívico en términos de su potencial utilidad con vistas a la educación para la ciudadanía. Por otro lado, mediante un ejercicio de "rational reconstruction" (Richard...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Farrés Juste, Oriol|||0000-0001-7634-1096
Tipo de documento: artigo
Data de publicação:2022
País:España
Recursos:Universitat Autònoma de Barcelona
Repositório:Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Idioma:espanhol
OAI Identifier:oai:ddd.uab.cat:306427
Acesso em linha:https://ddd.uab.cat/record/306427
https://dx.doi.org/urn:doi:10.35305/cf2.vi19.167
Access Level:Acceso aberto
Palavra-chave:Retórica protréptica
Republicanismo
Humanismo cívico
Virtudes públicas
Solidaridad
Descrição
Resumo:El objetivo del presente artículo es doble. Por un lado, se pretende defender la tradición retórica que impregna el humanismo cívico en términos de su potencial utilidad con vistas a la educación para la ciudadanía. Por otro lado, mediante un ejercicio de "rational reconstruction" (Richard Rorty) o "rewriting" (Stanley Fish), se propone rastrear el papel de la solidaridad cívica en la Laudatio Florentinae urbis de Leonardo Bruni para realizar una "apropiación" de sus elementos en el contexto de los debates actuales en filosofía política. La metáfora del "florecimiento" de la comunidad política, recurrente en el humanismo cívico, implica siempre una exhortación a la práctica de las virtudes cívicas por parte de los ciudadanos, es decir, una subordinación de los intereses particulares al bien común y, en consecuencia, una base de solidaridad en el cuerpo civil. Para ello, se partirá de la distinción rawlsiana entre "republicanismo clásico" y "humanismo cívico" que se halla en El liberalismo político (V, §7, 5). El argumento por disociación de Rawls será problematizado para sostener que el papel de las virtudes ciudadanas, como virtudes propiamente humanas, debe ser más importante y más exigente que el que el liberalismo le reserva si queremos una sociedad verdaderamente floreciente.