Derecha y poder local en el siglo XIX

En esta tesis se realiza un estudio comparativo de la evolución ideológica y la práctica política de las derechas en Barakaldo (Vizcaya) y Vilanova i la Geltrú (Barcelona). El estudio arranca de 1898 y aborda el surgimiento de las propuestas nacionalistas. Estas nuevas propuestas operaban en un ámbi...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Canales Serrano, Antonio Francisco|||0000-0002-7035-1194
Tipo de recurso: tesis doctoral
Fecha de publicación:2003
País:España
Institución:Universitat Autònoma de Barcelona
Repositorio:Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ddd.uab.cat:38130
Acceso en línea:https://ddd.uab.cat/record/38130
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Partits de dreta
Descripción
Sumario:En esta tesis se realiza un estudio comparativo de la evolución ideológica y la práctica política de las derechas en Barakaldo (Vizcaya) y Vilanova i la Geltrú (Barcelona). El estudio arranca de 1898 y aborda el surgimiento de las propuestas nacionalistas. Estas nuevas propuestas operaban en un ámbito más amplio de convergencia de derechas delimitado por la desconfianza ante el desarrollo del liberalismo político. Nacionalistas y catalanistas se integraron a escala local en un frente común con el resto de las derechas contra las izquierdas. A partir de 1917 se abrió un complejo periodo de mutaciones en el seno de estos movimientos protagonizado por los nuevos sectores movilizados. Estos desarrollos dieron lugar a una ruptura de las derechas en dos bloques: nacionalistas y catalanistas, de un lado, y sectores que se fueron definiendo progresivamente, y por reacción, como españolistas, de otro. La Dictadura de Primo se apoyó en estos sectores. En Barakaldo consiguió estabilizar la política local en torno a la derecha no nacionalista. En Vilanova, por el contrario, la inestabilidad presidió el periodo. En la República, las derechas nacionalistas y catalanistas perdieron el monopolio de la apelación nacional ante los nuevos catalanistas y nacionalistas aliados con las izquierdas. Tras un repliegue inicial sobre los valores básicos comunes a las derechas, nacionalistas ortodoxos y catalanistas conservadores centraron sus esfuerzos en la reorganización y expansión de sus bases. Sin embargo, la diferente naturaleza de ambos movimientos acabó por determinar evoluciones divergentes. El carácter interclasista de sus bases permitió al nacionalismo vasco adaptarse a las coyunturas y posibilitó que nuevos objetivos presidieran su estrategia. De esta manera, el nacionalismo vasco ortodoxo se fue desplazando hacia el centro político, llegando en Barakaldo a subordinar al resto de las derechas. La evolución en Vilanova fue la contraria. El tradicional papel de representante de los sectores dominantes hizo que el catalanismo conservador se viera arrastrado por el pánico de sus acomodadas bases sociales. La derecha catalanista radicalizó sus posturas a partir de octubre de 1934 y acabó relativizando el catalanismo en favor de una rectificación autoritaria de la situación. Esta evolución divergente quedó sellada cuando nacionalistas vascos y Catalanistas conservadores optaron por bandos diferentes en la guerra civil. En el franquismo se analizan dos modelos de funcionamiento político diferenciados. En Barakaldo, el poder local se reconstituyó sobre la derecha no nacionalista, concretamente sobre los carlistas que monopolizaron el poder durante casi 20 años liderados por José M. Llaneza. La derecha nacionalista fue marginada del poder y prácticamente del espacio público. Esta política implicó una apertura social en la configuración del personal político hacia sectores de escasa significación social que compartían los principios ideológicos de la ultraderecha españolista. Estos sectores delimitaron una relativa base social sobre la que erigir el sistema de elecciones por tercios. Por el contario, en Vilanova el franquismo daba cuenta de una victoria social que restauraba en el poder a los sectores amenazados por el reformismo republicano. En la medida en que la adscripción de estos grupos había sido catalanista, la derecha tradicional se aprestó a ocupar posiciones en las nuevas estructuras de poder, aunque tuvo que aceptar su subordinación a la derecha españolista que había ganado políticamente la guerra. La larga alcaldía de Antonio Ferrer Pi ilustra el éxito de esta fórmula integradora. El modelo vilanovés consiguió desactivar incluso las disensiones que se derivaban de las fidelidades culturales y simbólicas catalanistas de la derecha tradicional. Un renovado vilanovismo fue desplazando las estridencias ultra-españolistas y falangistas del régimen en favor de la afirmación de los valores básicos que cimentaban el consenso franquista en Vilanova.