Propaganda y justificación religiosa en época imperial: el caso del Capitolio y el templo de Júpiter Óptimo Máximo en Roma

El objetivo del presente estudio es analizar pormenorizadamente la evolución de la concepción jupiterina del poder imperial en época romana, centrándonos en las transformaciones que, a nivel propagandístico, se darán durante el periodo Flavio. La elección de dicho arco cronológico responde a su impo...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Escámez de Vera, Diego M.
Tipo de recurso: tesis doctoral
Fecha de publicación:2017
País:España
Institución:Universidad Complutense de Madrid (UCM)
Repositorio:Docta Complutense
Idioma:español
OAI Identifier:oai:docta.ucm.es:20.500.14352/22765
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/20.500.14352/22765
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:94(37)(043.2)
Roma
Historia
Rome
history
Historia antigua
5504.01 Historia Antigua
Descripción
Sumario:El objetivo del presente estudio es analizar pormenorizadamente la evolución de la concepción jupiterina del poder imperial en época romana, centrándonos en las transformaciones que, a nivel propagandístico, se darán durante el periodo Flavio. La elección de dicho arco cronológico responde a su importancia como bisagra entre el periodo Julio-Claudio y el Antonino, debido a la introducción por parte de los miembros de la dinastía Flavia de un conjunto de innovaciones en el terreno ideológico que dejarán sentir su influencia en los aparatos de legitimación política del poder imperial posteriores. Para ello procederemos a interpretar las fuentes literarias, arqueológicas e iconográficas del periodo, que conforman los vestigios físicos de los mecanismos ideológicos de legitimación que permitieron la perpetuación del sistema imperial. Júpiter había tenido un papel capital dentro de la justificación del poder político en Roma ya desde época monárquica. Esta función no desapareció con el establecimiento de la República, la cual convirtió al rey de los dioses en el centro de la religión cívica de la Urbs y en el origen del poder de los magistrados electos. Sin embargo, en el siglo I a.C. comenzará un proceso de apropiación personal del capital simbólico derivado de la divinidad, fundamental para entender la lucha propagandística paralela a las guerras civiles que darían fin al sistema republicano. Dicho proceso alcanzó su culmen con el triunfo de Augusto y la institución del Principado, el cual se sustentaría ideológicamente en la elección y protección divina del gobernante. Augusto, a través de los omina imperii y diversos prodigia, se presentó como el depositario del poder de la divinidad, la cual le eligió entre todos los mortales para convertirle en el garante del bienestar de la comunidad. A la muerte de Augusto, la sanción divina de su gobierno fue transferida a sus herederos, siendo unida la legitimidad del princeps a su pertenencia a la gens del fundador del Imperio. El gobernante era el depositario del poder delegado por la divinidad, el cual le era transmitido, a su vez, por vía hereditaria. Por lo tanto, la dinastía Julio-Claudia basará su poder en una concepción religiosa y dinástica del poder del emperador...