Los inmissores tempestatum en la Hispania tardoantigua

En el presente trabajo estudiamos la creencia en la existencia de tempestarii o inmissores tempestatum en la Hispania tardoantigua. A pesar de la escasez de fuentes para dicho tema, éstas nos permiten aseverar que en la península Ibérica la gente reconocía como reales los individuos capaces de provo...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Jiménez Sánchez, Juan Antonio
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2017
País:España
Institución:Varias* (Consorci de Biblioteques Universitáries de Catalunya, Centre de Serveis Científics i Acadèmics de Catalunya)
Repositorio:Recercat. Dipósit de la Recerca de Catalunya
OAI Identifier:oai:recercat.cat:2445/119445
Acceso en línea:https://hdl.handle.net/2445/119445
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Màgia
Tempestes
Magic
Storms
Descripción
Sumario:En el presente trabajo estudiamos la creencia en la existencia de tempestarii o inmissores tempestatum en la Hispania tardoantigua. A pesar de la escasez de fuentes para dicho tema, éstas nos permiten aseverar que en la península Ibérica la gente reconocía como reales los individuos capaces de provocar tormentas con su sola voluntad. Estas fuentes corresponden a dos leyes de Chindasvinto, que manifiestan la preocupación de las autoridades por los «hacedores de tormentas» que arruinaban las cosechas de terceros. Además, dos testimonios epigráficos, que reproducen fórmulas mágicas grabadas sobre pizarra (con una cronología imprecisa que corre entre los siglos VIII y X), sugieren la presencia en Hispania de los defensores mencionados en el reino franco por Agobardo de Lyon, magos que presumían de alejar las tempestades de los campos de cultivo. La pobreza de estas fuentes puede completarse con la información proporcionada por fuentes de la Galia franca, entre las que destaca el mencionado Agobardo. Finalmente, vemos cómo la Iglesia combatió estas creencias apropiándose de ellas y adaptándolas a su pensamiento, sustituyendo los malos espíritus que provocaban tormentas por Satán y sus demonios, y las divinidades que protegían los campos por los ángeles y los santos cristianos.