| Resumo: | El estudio del testamento como tipo documental se justifica por la centralidad de las transmisiones hereditarias en las sociedades del Antiguo Régimen, que situaban a la práctica testamentaria entre las más trascendentales de sus instituciones de derecho privado. El propósito de este artículo es identificar en el siglo anterior el proceso por el que se fue conformando un modelo de testamento que se iba acomodando a la recepción de ese derecho clásico, identificando así algunas de las vías de su recepción. No se entra en el rico contenido de dichos documentos, sino que el estudio se ciñe a su génesis y su forma. Se ha elegido analizar esta cuestión sobre los documentos preservados en los archivos catedralicios, en primer lugar, sobre la hipótesis de que el contacto creciente de las diócesis hispanas con la Iglesia romana abrió a sus canónigos a la influencia de nuevas prácticas jurídicas y diplomáticas. En segundo término, se ha entendido que su extensión por todo el territorio del reino podía ofrecer una imagen más rica que la del estudio monográfico de la cuestión en un ámbito más local, mitigando así los problemas asociados a la conservación selectiva de los documentos de la época. De este modo, se ha podido reunir un corpus documental relativo a últimas voluntades que se aproxima al centenar de piezas, de las cuales dos tercios se han transmitido en su forma original. La proporción entre otorgantes laicos y eclesiásticos alcanza una proporción similar, con predominio de los segundos. En lo que hace a su distribución espacial, la mayoría de los materiales recuperados procede de los archivos catedralicios de León, Orense y Toledo, mientras que en otras sedes los ejemplos son menores o incluso inexistentes. En cuanto a su reparto temporal, no llega a apreciarse una evolución significativa: su mayor número se concentra en la década de 1240, con un segundo pico en la de 1190; como contrapartida, el valor más bajo se registra en la década de 1210.
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