Las tres dimensiones de la crisis

Este artículo analiza los determinantes financieros de la crisis, indagando cómo el auxilio concedido a los bancos renueva la especulación, obstruye la regulación y recrea el gigantismo de las entidades. Este socorro incentiva, además, el descontrol del riesgo que generan los malabarismos contables,...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Katz, Claudio
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2010
País:Ecuador
Institución:Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
Repositorio:Repositorio Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
Idioma:español
OAI Identifier:oai:repositorio.flacsoandes.edu.ec:10469/7085
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/10469/7085
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:RECESIÓN ECONÓMICA
FINANZAS
CRISIS POLÍTICA
SOBREPRODUCCIÓN
DESEMPLEO
CRISIS DE LA CIVILIZACIÓN
HACIENDA PÚBLICA
ESTADOS UNIDOS
JAPÓN
EUROPA
ASIA
Descripción
Sumario:Este artículo analiza los determinantes financieros de la crisis, indagando cómo el auxilio concedido a los bancos renueva la especulación, obstruye la regulación y recrea el gigantismo de las entidades. Este socorro incentiva, además, el descontrol del riesgo que generan los malabarismos contables, el ocultamiento de los quebrantos y las operaciones con derivados o títulos empaquetados. Otro ciclo de expansión financiera ha concluido con un gran estallido, que esta vez se localiza en las economías desarrolladas y presenta inéditos contornos globales. Como el rescate de los bancos está deteriorando las finanzas públicas, los acreedores ya reclaman ajustes, aunque sin acordar el momento de un recorte general. Sólo una fuerte reactivación de la economía mundial evitaría el viraje hacia políticas contractivas. Hasta ahora se pudo frenar un deslizamiento general hacia la depresión. Pero no existen síntomas de recuperación sostenida en Estados Unidos, mientras la economía japonesa languidece y Europa soporta un serio desplome. Únicamente el bloque de países intermedios encabezados por China se ha mantenido a flote, mientras que el grueso del Tercer Mundo soporta tragedias sociales. El aumento de la desocupación es el indicio más contundente de los efectos de una crisis precipitada por la superproducción, que desató la competencia global por aumentos de productividad sin correlatos salariales. La convulsión actual también obedece a los desbalances comerciales creados por el endeudamiento estadounidense para consumir productos fabricados en Asia. Estos desequilibrios se extienden al interior del bloque asiático y de la Unión Europea. La expectativa de resolverlos mediante un rebalanceo de las cuentas globales, olvida que la recuperación hegemónica de Estados Unidos y el reingreso de China al capitalismo se han cimentado en esos desequilibrios. Su replanteo conduciría a conflictos que desbordan ampliamente cualquier reajuste de aranceles, tipos de cambio o tasas de interés.