El apóstol de la niñez en el siglo XIX, rasgos biográficos sobre Don Bosco y la Congregación Salesiana

De nada se ha hecho más burla en estos tiempos que de las cosas santas, y sobre todo, de los Santos. No parece sino que desgraciada la humanidad no quiere que se la considere capaz de levantarse del fango y tender el vuelo hacia lo alto limpia y hermosa. Se ha llegado hasta inventar, por una ciencia...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Vivar, Víctor
Tipo de recurso: libro
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:1896
País:Ecuador
Institución:Biblioteca Digital CCE
Repositorio:Repositorio Biblioteca Digital CCE
Idioma:esp
OAI Identifier:oai:repositorio.casadelacultura.gob.ec:34000/234
Acceso en línea:http://repositorio.casadelacultura.gob.ec/handle/34000/234
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:PUEBLO ECUATORIANO
CONGREGACIÓN SALESIANA
RELIGIOSOS
BIOGRAFÍAS
SACERDOTES
Descripción
Sumario:De nada se ha hecho más burla en estos tiempos que de las cosas santas, y sobre todo, de los Santos. No parece sino que desgraciada la humanidad no quiere que se la considere capaz de levantarse del fango y tender el vuelo hacia lo alto limpia y hermosa. Se ha llegado hasta inventar, por una ciencia novelera, no sé qué especie de contradicción entre las tendencias del siglo y la santidad; llegando, aún escritores que se precian de ortodoxos a encontrar el catolicismo en abierta y reñida pugna con el progreso moderno, creándose así una historia llena de sombras y lúgubremente misteriosa en que la virtud se nos ofrece con un carácter de vejez y de fiereza que espanta, y los que la practican toman el aspecto de aparecidos, de fantasmas de siglos que fueron. Pues bien, nada más inexacto; la virtud es siempre bella y eternamente joven, y la santidad, en medio en medio de nuestra puerilidades y miserias, sienta sus reales; y, mientras los más andamos desalados por el triunfo del egoísmo nuestro, ella puesta la mirada en el cielo se sacrifica por nuestra bienandanza, nos caza en nuestras mismas artes y consigue de esta manera, en muchas ocasiones, que en vez del mundo que nos fascina, seamos de Dios...