La voz de la resistencia en los Andes: La Instrucción de Titu Cusi Yupanqui

Este trabajo se acerca a La Instruçión del Inga Don Diego de Castro Titu Cusi Yupangui para el muy ilustre señor el licenciado Lope de García Castro gobernador que fue destos reynos del Pirú, tocante a los negocios que con su magestad, en su nombre por su poder a e tratar; la qual es esta que se sig...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Benites, María Jesús
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2005
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/105683
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/105683
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Instrucción de Titu Cusi Yupanqui
grupos disidentes
Vilcabamba
https://purl.org/becyt/ford/6.2
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:Este trabajo se acerca a La Instruçión del Inga Don Diego de Castro Titu Cusi Yupangui para el muy ilustre señor el licenciado Lope de García Castro gobernador que fue destos reynos del Pirú, tocante a los negocios que con su magestad, en su nombre por su poder a e tratar; la qual es esta que se sigue texto en el que se escucha la voz de la resistencia al poder colonial en los Andes. El trabajo se detiene en el análisis del modo en que Cusi ofrece una versión de los hechos que cuestiona el orden impuesto y deja escuchar una voz que pugna por ser escuchada. El documento, fechado el 6 de febrero de 1570, fue dictado por Titu Cusi Yupanqui -hijo de Manco Inca Yupanqui- quien encabezaba desde 1555 los grupos disidentes en Vilcabamba. El relato de Titu Cusi construye una “visión trágica de los vencidos” (Wachtel: 1971, 24) que transmite la desesperanza ante la llegada de los españoles y el deterioro de su cultura. Pero también en su Instrucción esgrime, de manera beligerante, un reclamo para que esa comunidad recupere las tierras que le pertenecen y él sea reconocido por las autoridades coloniales como legítimo soberano de las mismas. Además, formula una serie de exigencias para abandonar la lucha armada, cuyo cumplimiento debe garantizar Felipe II.