Alegoría y montaje: El trabajo del fragmento en Walter Benjamin

La concepción de la historia de Benjamin transita diversas estaciones teórico-políticas fundamentales. Si bien en todas ellas se plantea una crítica decidida a toda idealización hegeliana de la materialidad sufriente de la historia, se la realiza desde diseños teóricos diferenciados. En este trabajo...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Garcia Garcia, Luis Ignacio
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2010
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/190649
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/190649
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Walter Benjamin
Alegoría
Montaje
Fragmento
https://purl.org/becyt/ford/6.3
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:La concepción de la historia de Benjamin transita diversas estaciones teórico-políticas fundamentales. Si bien en todas ellas se plantea una crítica decidida a toda idealización hegeliana de la materialidad sufriente de la historia, se la realiza desde diseños teóricos diferenciados. En este trabajo delimitaremos dos conceptualizaciones clave de este trastorno de la historia: la noción de “alegoría”, acuñada en su libro sobre el barroco (y desplegada en sus trabajos sobre Baudelaire), y la idea de “montaje”, desarrollada al calor de la vanguardia constructivista (y de las nuevas formas de arte técnico). Dos rasgos decisivos unen estos conceptos: la crítica de toda concepción simbólica o totalizante de la significación, y su especial rendimiento para pensar el problema de la imagen. Sin embargo, hay un importante matiz que los separa: si la alegoría es la protesta que destituye todo régimen de significación ante el sufrimiento y el sinsentido, el montaje es la apuesta constructiva que resta tras el desmembramiento de la totalidad. Y sin embargo, Benjamin mantiene la tensión entre ambos en su obra de madurez. Ello nos muestra, por un lado, un Benjamin que se sustrae a toda lectura unilateral. Pero por otro lado, esta oscilación entre la melancólica destitución de la alegoría, su fijación en la pérdida, y la pasión constructivista del montaje, su compromiso con un trabajo (de duelo), tensa el arco de los debates contemporáneos sobre “memoria” y “representación del horror”.