El imitador acomplejado: Roland Barthes, crítico digresivo

La cultura del comentario que rige nuestras prácticas críticas es sorprendentemente reciente y se configura en el cultivo de una ciencia de la literatura que emergió a finales del siglo XIX. Su rasgo principal fue la división de lenguajes, pues el comentario no podía estar escrito en la forma de su...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Garayalde, Nicolas
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2023
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/226394
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/226394
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:BARTHES
DIGRESION
RETORICA
POSCRITICA
https://purl.org/becyt/ford/6.2
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:La cultura del comentario que rige nuestras prácticas críticas es sorprendentemente reciente y se configura en el cultivo de una ciencia de la literatura que emergió a finales del siglo XIX. Su rasgo principal fue la división de lenguajes, pues el comentario no podía estar escrito en la forma de su objeto. Sin embargo, los críticos más interesantes del siglo XX son aquellos que la resistieron, pregonando un retorno a la cultura retórica. Entre ellos, notablemente, Roland Barthes. Escritor y crítico a la vez, o más bien suerte de escritor aplazado, su obra se desliza en el dubitativo espacio de lo intermedio, configurando un singular modo de ser entre un más allá de la crítica y un más acá de la literatura: “la amo, entonces la imito –pero precisamente: no sin complejos”, dice sobre la literatura. ¿En qué consiste esta relación amorosa como imitación acomplejada? En una forma retórica, pues la retórica es “la dimensión amorosa de la escritura” y amar supone deformarla, hacerla “otra a fuerza de amor”.¿Cuál es la forma que adquiere esa retórica barthesiana? Creo yo que esta pregunta puede responderse mediante el análisis de dos figuras principales que aparecen en la obra de Barthes. Por un lado, la autonimia (para la detención, la postergación, la acomplejada inhibición que detiene cada momento el avance de la obra: la pre-novela); por el otro, la digresión (para el desvío, la suspensión de la continuación por el abandono caprichoso del tema hacia las variantes, los márgenes: la pos-crítica). Entre la autonimia y la digresión: tal es la particular creación de Barthes como impugnación de la cultura del comentario. En un trabajo anterior, me detuve en la primera de estas figuras; quisiera en el presente ensayo detenerme en la figura de la digresión.