La iglesia frente a las teologías laicas del período entreguerras : una situación difícil

La modernidad presenta un quiebre entre lo sagrado y la vida cotidiana. El ámbito de lo sacro pasa a ser discursivo; el hombre ya no encuentra un auténtico sentido a su vida. Ante el creciente proceso de secularización, aparecen los intentos de sustitución de Dios por la autoridad del pueblo, la ley...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Cagni, Horacio Carlos
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2013
País:Argentina
Institución:Universidad Nacional de Cuyo
Repositorio:Biblioteca Digital (UNCu)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:bdigital.uncu.edu.ar:9488
Acceso en línea:http://bdigital.uncu.edu.ar/9488
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Iglesia
Cambio social
Revolución rusa
Iglesia Católica
Doctrinas políticas
Teología laica
Descripción
Sumario:La modernidad presenta un quiebre entre lo sagrado y la vida cotidiana. El ámbito de lo sacro pasa a ser discursivo; el hombre ya no encuentra un auténtico sentido a su vida. Ante el creciente proceso de secularización, aparecen los intentos de sustitución de Dios por la autoridad del pueblo, la ley, la nación, la raza, la clase, la ciencia. La ideología se convirtió en el sucedáneo más eficaz. Las más importantes del S. XX, nacidas y desarrolladas en Europa pero de alcance mundial, fueron el comunismo y las distintas formas de nacionalismo. La Revolución Rusa presentó una ideología devenida en teología laica. En los años veinte y treinta, surgieron partidos de masa antibolcheviques, sobre todo en Italia y Alemania -fascismo y nacionalsocialismo-, basados también en postulados de teología política. Todos ellos prometían el fin de la alienación y una sociedad mejor y más justa. La Iglesia católica no fue ajena al proceso de complejización de la sociedad urbana tecnomaquinista y sus derivados secularizantes. Pronto debió competir con las "nuevas religiones laicas", particularmente en términos de la educación de la juventud. Pero mientras que con el comunismo ateo no existía ninguna posibilidad de diálogo, con el fascismo y el nacionalsocialismo existió una relación ambigua y tirante, basada en concertaciones y enfrentamientos por igual.