Qué hacer con Tucumán Arde

Parto de una inquietud: la que me produce la insistente recuperación en los últimos años de Tucumán Arde -entre un conjunto muy acotado de experiencias de la vanguardia latinoamericana de los años sesenta- en una serie de importantes exposiciones, libros, coloquios y otras instancias relevantes del...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Longoni, Ana
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2012
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/197590
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/197590
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:TUCUMÁN ARDE
ARTE
POLITICA
https://purl.org/becyt/ford/6.4
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:Parto de una inquietud: la que me produce la insistente recuperación en los últimos años de Tucumán Arde -entre un conjunto muy acotado de experiencias de la vanguardia latinoamericana de los años sesenta- en una serie de importantes exposiciones, libros, coloquios y otras instancias relevantes del circuito artístico internacional. Tucumán Arde es probablemente la experiencia del arte argentino sobre la que más páginas se han escrito. Es frecuentemente mencionada incluso desde perspectivas resistentes a considerar la politicidad del arte. Tucumán Arde ya no incomoda: su canonización es también su domesticación, su pacificación al interior de un relato que conviene a la lógica fetichizadora del capitalismo cognitivo y sus recortes unidimensionales de sentido, su devenir mercancía, su reducción como imagen, mera superficie (aplanada en su espesor disidente), fácilmente reproducible, intercambiable, digerible. Su voltaje revulsivo parece ser parte del pasado. Entiendo que el ingreso al canon de Tucumán Arde se inscribe a grandes rasgos en un doble proceso de legitimación que intentaré desanudar más abajo: por un lado, el del conceptualismo latinoamericano y, por otro, el del llamado arte político. Sin embargo, no se trata de un proceso unidireccional sino de una compleja trama tensionada por conflictos donde se dirimen discursos, posicionamientos y proyectos políticos no sólo diferentes entre sí, sino incluso antagónicos.