A quince años del ingreso en el nuevo milenio: La inflexión barroca de la postmodernidad y la neutralización del juicio político

Ya han transcurrido quince años desde el comienzo del nuevo milenio. No es la perspectiva cósmica, portadora de rasgos sublimes y míticos, de la famosa película de Stanley Kubrick “2001: Una odisea del espacio” (1968), la que define la apertura del tercer milenio, sino más bien aquella más ominosa d...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Naishtat, Francisco
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2016
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/91400
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/91400
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:ACONTECIMIENTO
BARROCO
POSMODERNIDAD
CATASTROFE
https://purl.org/becyt/ford/6.3
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:Ya han transcurrido quince años desde el comienzo del nuevo milenio. No es la perspectiva cósmica, portadora de rasgos sublimes y míticos, de la famosa película de Stanley Kubrick “2001: Una odisea del espacio” (1968), la que define la apertura del tercer milenio, sino más bien aquella más ominosa de una crisis geopolítica que podría asumir las características de una “catástrofe continua”. Esta crisis adquirió de inmediato un carácter mundial no desprovisto de rasgos escatológicos. En 2001 tuvieron lugar dos acontecimientos que inauguraron el siglo XXI en el sentido de una catástrofe geopolítica continua: el del 11 de septiembre y el del 22 de diciembre. La primera de estas fechas es bien conocida y remite al ataque al World Trade Center, universalmente designado con el sintagma “9/11”; la segunda solamente es familiar en el Río de la Plata y coincide con el pico de la crisis en Argentina, seguido de la quiebra del país y de la caída del gobierno de De la Rúa. Pienso sin embargo que estos dos acontecimientos de naturaleza extrema y bastante cercanos en el tiempo forman parte, a pesar de su carácter independiente y heterogéneo, de una misma constelación de signos y podrían ser interpretados como los detonantes de una “explosión barroca de la posmodernidad”. No estoy sugiriendo que se trate de una salida de la postmodernidad, sino más bien de la eclosión de una desviación barroca, ya inscrita en el corazón del siglo XX, y cuya propagación anunciaría el fin de la “era lúdica” de la posmodernidad, si se me permite tomar prestada la expresión al filósofo español Félix Duque (2004), quien designa con este término el período inaugurado por la Posguerra Fría.