Tensiones coloniales y anticoloniales en la forja del campo intelectual nacional. Los provincianos de Roca (1880-1920)

Uno de los períodos históricos constitutivos de nuestras matrices representacionales sobre la democracia y la identidad nacional es el que transita el cambio del siglo XIX al XX, en el que traza su parábola el imaginario cultural del bloque de poder liderado por Julio A. Roca. La distinción gramscia...

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Detalhes bibliográficos
Autor: Chein, Diego Jose
Formato: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2016
País:Argentina
Recursos:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/66278
Acesso em linha:http://hdl.handle.net/11336/66278
Access Level:acceso abierto
Palavra-chave:NATIVISMO
DESCOLONIZACIÓN
https://purl.org/becyt/ford/6.2
https://purl.org/becyt/ford/6
Descrição
Resumo:Uno de los períodos históricos constitutivos de nuestras matrices representacionales sobre la democracia y la identidad nacional es el que transita el cambio del siglo XIX al XX, en el que traza su parábola el imaginario cultural del bloque de poder liderado por Julio A. Roca. La distinción gramsciana entre clase corporativa y clase hegemónica permite distinguir la diferencia fundamental entre esta nueva liga de oligarquías provincianas y la élite porteña, encabezada políticamente por Bartolomé Mitre. La vocación hegemónica del roquismo, ausente en la oligarquía porteña, motoriza tanto la federalización de la capital y la distribución de la renta del puerto, como la política cultural de mayor impacto de nuestra historia: el nacionalismo criollista.Liderados por el riojano Joaquín Víctor González, varias veces ministro de Roca, una formación de escritores de provincia (Martiniano Leguizamón, Fray Mocho, Roberto Payró, Ricardo Rojas, Leopoldo Lugones, entre otros) sentarán al mismo tiempo las bases de una concepción regionalista de la identidad nacional y de una noción ilustrada de nuestra democracia. Frente a una concepción de la nación como civilización futura impulsada por la ciudad puerto y retrasada por la barbarie caudillista del interior, González contrapone un mapa de regiones naturales y folklóricas que ofrecen un sustento espiritual al progreso material de la capital cosmopolita y desarraigada