La pasión de amor en Una pasión sudamericana y en Finlandia de Ricardo Monti

Ya llevamos tiempo estudiando la dramaturgia de Ricardo Monti, y en esta ocasión nos interesa abocarnos al análisis de dos obras suyas en las que se detiene en el núcleo del amor/pasión cuando éste entra en conflicto con el orden social. Una pasión sudamericana (1989) y su reescritura, Finlandia de...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Burgos, Nidia Lasteni
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2011
País:Argentina
Institución:Universidad Nacional del Sur. Departamento de Humanidades
Repositorio:RIDH (UNS-DH)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:repositorio.bc.uns.edu.ar:123456789/3409
Acceso en línea:http://repositoriodigital.uns.edu.ar/handle/123456789/3409
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Ricardo Monti
Amor/pasión
Orden social
Contexto histórico
Descripción
Sumario:Ya llevamos tiempo estudiando la dramaturgia de Ricardo Monti, y en esta ocasión nos interesa abocarnos al análisis de dos obras suyas en las que se detiene en el núcleo del amor/pasión cuando éste entra en conflicto con el orden social. Una pasión sudamericana (1989) y su reescritura, Finlandia de 2002, parten de un mismo referente histórico: la captura de la pareja de Camila O´Gormann y el cura Ladislao Gutiérrez, a quienes Rosas mandó a ejecutar en 1848. Se dice que Camila al morir, estaba embarazada. Un sacerdote y una niña de la alta sociedad porteña se enamoran con tal pasión, que huyen juntos. El padre de la joven reclama a la máxima autoridad civil y militar de la época, quien cuenta además con el apoyo de la Iglesia, que persiga y castigue a los prófugos. Así, el destino de los amantes queda en manos del hombre que detenta todo el poder: Juan Manuel de Rosas en el real histórico de 1848, el Brigadier en Una pasión sudamericana y Beltrami en la reescritura de 2002. Ser el dueño inapelable del destino de aquellos seres desgraciados hace recaer toda la carga dramática sobre el Brigadier/ Beltrami, quien debe salvaguardar el orden social y decidir la suerte de los amantes en medio de una guerra. El jerarca se convierte así en el oponente de la pareja en la circunstancia de un espacio-tiempo de guerra por implantar un nuevo orden. Ese es un espacio-tiempo mítico, porque es el de las luchas por implantar un orden, en el caos fundacional de una nación que acababa de nacer en 1810.