Del congreso sin mayoría al de cuasi mayoría

Las elecciones presidenciales realizadas el pasado 23 de octubre arrojaron resultados que son indicadores del respaldo que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha alcanzado y de la delicada situación en que está sumergida la oposición (entendiendo por ello a ese abanico heterogéneo de agrup...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: Reynoso, Diego Esteban
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2011
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/194132
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/194132
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Elecciones
Gobierno Dividido
Mayoría
https://purl.org/becyt/ford/5.6
https://purl.org/becyt/ford/5
Descripción
Sumario:Las elecciones presidenciales realizadas el pasado 23 de octubre arrojaron resultados que son indicadores del respaldo que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ha alcanzado y de la delicada situación en que está sumergida la oposición (entendiendo por ello a ese abanico heterogéneo de agrupaciones, partidos, preferencias, posiciones y sectores políticos, sociales y económicos). Si comparamos el resultado de esta elección con la legislativas de medio término,1 del 28 junio de 2009 en la que le infligieron al partido de gobierno una merma considerable de apoyo electoral, el contraste es formidable. Esa merma se tradujo en 2009 en una reducción del contingente legislativo del FpV y un aumento de los escaños ocupados por los partidos de oposición, que dio lugar a la conformación del interbloque autodenominado “Grupo A”. En esa ocasión los augurios de parálisis, bloqueo y demás situaciones asociadas al funcionamiento de un gobierno dividido resonaron en muchos debates sobre la nueva (de ese entonces) conformación del Congreso. La elección reciente cambia el eje de las calificaciones, ya que por el abultado respaldo electoral el nuevo congreso responderá más a la lógica de gobierno de mayoría o gobierno unificado, que a la lógica de gobierno dividido. Así de pasar de augurar en 2009 los problemas asociados a la debilidad del poder legislativo de la presidenta se ha pasado, en esta coyuntura, a augurar sobre los peligros del poder de mayoría. Las cosas no fueron del modo que se esperaba (o “deseaba”, quién sabe) en 2009 y, creo, tampoco serán del modo en que ligeramente se sentencia en la actualidad.