El mundo es un hilo de nombres: lenguaje y poesía José Kozer

Por lo general, estamos acostumbrados a leer y pensar la poesía de acuerdo a determinados ritmos, sin embargo en una poesía como la de José Kozer (La Habana, 1940) –que opta voluntariamente por la acumulación y el robo–  el lirismo resulta ineficaz. Estos crímenes son inimputables. No hay culpabilid...

Descripción completa

Detalles Bibliográficos
Autor: León, Denise
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2012
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/58262
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/58262
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:Lenguaje
Poesía
Utopía
Tradición judía
https://purl.org/becyt/ford/6.2
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:Por lo general, estamos acostumbrados a leer y pensar la poesía de acuerdo a determinados ritmos, sin embargo en una poesía como la de José Kozer (La Habana, 1940) –que opta voluntariamente por la acumulación y el robo–  el lirismo resulta ineficaz. Estos crímenes son inimputables. No hay culpabilidad en un yo que se piensa a sí mismo como una multitud, como un desborde. Imposible alcanzar la estatura del ladrón cuando, como postuló Jacques Derrida en su bellísimo ensayo sobre Artaud, toda palabra es siempre soplada por otros, inclusive la propia.  Las nociones de robo, fracaso y decadencia alumbran toda la poesía de Kozer y se proponen como una especie de destino voluntario y manifiesto ante cierta tradición poética triunfalista moderna (cuyo símbolo es Neruda) y se abrazan como meta anticipada, como punto de partida y elemento eficaz de escritura. Este temprano reconocimiento del fracaso parece provenir al menos de dos premisas que acompañarán a Kozer en su oficio de poeta desde los comienzos: una desconfianza radical en el lenguaje como medio de expresión y la certeza de que <i>todo</i> ha sido escrito y que, por lo mismo, petrifica cualquier tentativa de originalidad. La tarea que cabría al poeta entonces es la ardua labor del talmudista quien, en un acto de devoción, inclina la cabeza para escribir comentarios en los márgenes de un libro eterno que es, a la vez, todos los libros.