Las tierras del clero en Córdoba: estancias, chacras y quintas de seculares y regulares. Del antiguo régimen a la organización nacional

Desde el siglo XVII en adelante las órdenes religiosas fueron recibiendo tierras en la campaña cordobesa pero sólo en contadas ocasiones fue producto de operaciones de compras o permutas. La mayoría de las veces las obtuvieron como consecuencia de dos prácticas bastantes difundidas en la época; en p...

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Detalles Bibliográficos
Autor: Ferreyra, Ana Ines
Tipo de recurso: artículo
Estado:Versión publicada
Fecha de publicación:2022
País:Argentina
Institución:Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Repositorio:CONICET Digital (CONICET)
Idioma:español
OAI Identifier:oai:ri.conicet.gov.ar:11336/196294
Acceso en línea:http://hdl.handle.net/11336/196294
Access Level:acceso abierto
Palabra clave:TIERRAS
CLERO
ESTANCIAS
PRODUCCION
https://purl.org/becyt/ford/6.1
https://purl.org/becyt/ford/6
Descripción
Sumario:Desde el siglo XVII en adelante las órdenes religiosas fueron recibiendo tierras en la campaña cordobesa pero sólo en contadas ocasiones fue producto de operaciones de compras o permutas. La mayoría de las veces las obtuvieron como consecuencia de dos prácticas bastantes difundidas en la época; en primer lugar, las fundaciones capellánicas, o vinculaciones piadosas, que tuvieron como principales beneficiarios al clero regular -jesuitas, dominicos, franciscanos, mercedarios, betlemitas- , al clero secular ? Seminario de Loreto o a conventos de monjas, especialmente las del Monasterio de Santa Catalina de Siena. En segundo lugar, a la práctica de tomar dinero a censo de las órdenes religiosas y poner como garantía de la operación, bienes inmuebles. En este caso, si no se cumplía con las obligaciones pactadas y no se abonaban con cierta regularidad los intereses, los prestamistas procedían a ejecutar la hipoteca y el bien inmueble que se había puesto en garantía pasaba a manos de la institución que había prestado el dinero. De una u otra forma, regulares y seculares dispusieron de grandes propiedades rurales -además de urbanas- la mayoría muy bien ubicadas a las que administraron con diferentes grados de capacidad, interés y eficacia. En este sentido, es preciso destacar que ninguna orden religiosa demostró tener la capacidad de administración y el interés por las explotaciones de rurales que en su tiempo tuvo la orden de San Ignacio de Loyola. Los jesuitas demostraron ser hábiles y exitosos empresarios rurales, bien organizados y mejor relacionados a través de extensas y muy bien aceitadas redes comerciales y sociales. Quizás esta circunstancia y el hecho de que por la expulsión de la orden sus libros de cuentas finalmente pasaron a los archivos públicos, hayan incidido para que la historiografía se interesara más por la marcha de las propiedades rurales jesuíticas, que por las del resto del clero. Respecto a estas últimas no resulta fácil ubicar la documentación de sus propiedades rurales porque una buena parte de ella se ha perdido definitivamente y lo poco que se logró rescatar, en la mayoría de los casos no resulta de fácil acceso. De acuerdo a lo que hemos comentado anteriormente, nuestro objetivo esencial ha sido analizar las prácticas de producción y trabajo empleado en las estancias conventuales no jesuíticas de la campaña cordobesa, en un período cargado de cambios y transformaciones que comprende el antiguo régimen colonial, el proceso revolucionario y la conformación del estado provincial. A través de un microanálisis de las diversas unidades, nos proponemos analizar la conformación de los patrimonios, las estrategias de producción y trabajo que emplearon y, fundamentalmente, las conductas que observaron frente a las coyunturas de crisis, inestabilidad y cambios. Y en la medida que las fuentes nos permitan, trataremos de captar la multiplicidad de sujetos subalternos que se movieron en cada uno de los establecimientos rurales analizados.